viernes, 8 de octubre de 2010

MI BLOG: Rama fructífera es José, rama fructífera junto a u...

MI BLOG: Rama fructífera es José, rama fructífera junto a u...: "Rama fructífera es José, rama fructífera junto a una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro”. (Gén. 49:22) “Será como árbol plant..."
EL PERDON DE DIOS

por Luis Palau

Durante la Segunda Guerra Mundial Hans Rookmaaker fue un integrante activo de la resistencia holandesa. Pero fue capturado por los alemanes y enviado a un campo de concentración nazi, donde comenzó a leer la Biblia.
Al estudiar la Palabra de Dios, descubrió que el íntimo deseo de Dios es perdonar nuestros pecados. De modo que entregó su vida a Cristo y se maravilló por el gozo y la libertad que había hallado.
Cuando Rookmaaker fue liberado de prisión al final de la guerra, inmediatamente se unió a una iglesia. Pero en lugar de tener comunión con personas libres, se sorprendió de encontrar tantos cristianos que aún vivían en la esclavitud del pecado y no experimentaban el perdón de Dios.
Por otra parte, un personaje en una obra de Voltaire murió murmurando: "Dios perdonará--ése es su trabajo." Aunque el perdón no puede darse por sentado de esa manera, Dios nunca quiso que vivamos en esclavitud.
La Biblia enseña que la confesión es el prerrequisito para el perdón de Dios--ya sea para la salvación inicial como para la comunión diaria. Esta confesión implica arrepentimiento y, cuando sea necesario, restitución.
La confesión sin arrepentimiento es un fraude. En Proverbios leemos: "El que encubre sus pecados no prosperará; mas
el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia" (28:13).
A veces la confesión también implica restitución (Exodo 22:1-15). Por lo general, éste es un aspecto olvidado de la confesión. Si nuestro pecado privó a alguien de algo que le pertenecía o correspondía (algo material, dinero o trabajo), no sólo debemos disculparnos con la persona ofendida sino que también debemos pagar tan pronto como sea posible.
La maravilla de la Escritura es la buena nueva de que Dios perdona de balde a quien con corazón sincero confiesa su pecado. Manasés fue uno de los reyes más malvados de Judá. El echó por tierra las reformas de Ezequías y sirvió a dioses falsos con más celo de lo que lo habían hecho las naciones paganas que Dios había destruido ante los israelitas (2 Crónicas 33:1-9). Sin embargo, al ser capturado por los asirios, Manasés se humilló ante el Señor--y Dios lo perdonó.
Si Dios pudo perdonar a un rey pagano y malvado cuando éste se humilló, con seguridad que también nos perdonará si confesamos nuestros pecados y nos arrepentimos. La confesión es humillante, pero "si confesamos a Dios nuestros pecados, podemos estar seguros de que ha de perdonarnos y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9 BD). Aprenda de memoria este pasaje y a menudo pida a Dios que lo haga realidad en su vida.
Hay otro precioso versículo para agregar a su lista de memorización: "Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones" (Hebreos 10:17). Cuán notable que el Dios omnisciente promete no sólo perdonar nuestros pecados sino también olvidarlos para siempre.
En su obra EL PARAISO PERDIDO, Juan Milton pregunta: "¿Qué otra cosa podemos hacer sino postrarnos ante El reverentes; y allí confesar con humildad nuestras faltas e implorar perdón; con lágrimas que rieguen el piso y con suspiros de corazones contritos, como señal de pena no fingida y mansa humillación?"

lunes, 23 de agosto de 2010

UN CORAZÓN PERFECTO CONFÍA

UN CORAZÓN PERFECTO CONFÍA

Un precioso mensaje de David Wilkerson, leelo haciendo click en el titulo.

viernes, 4 de diciembre de 2009

RESULTADO DE SANAR LAS HERIDAS DEL ALMA

El Campo de batalla con el enemigo es la mente. Al mencionar un campo
de batalla presupone una guerra donde el enemigo es satanás, tratando de
levantar fortalezas negativas mediante estrategia y engaño.
Desesperanza, abatimiento, desesperación, dolor, desilusión, pesimismo,
enfado, duda, agobio, son las armas para levantar esas fortalezas que
impiden disfrutar la plenitud de Cristo.
Ganar esta batalla produce los siguientes efectos:
• Indicios de madurez
• Autosuficiencia
• Llevarse bien con otros
• Autodominio
• Aceptar el sufrimiento, las dificultades, y los contratiempos como motivos para crecer.
• Tener perspectivas de corto y largo alcance.
• Orden en lo mental.
• Tener interés en el bienestar de otros.

El resultado más importante es comenzar a tener con Dios una relación como padre, una paternidad que abarca también que Dios es madre tal como lo representa Mateo 23:37.
Esa relación con Dios como padre nos dará certeza de que El no crea basura, ya que creó al hombre, vio que era bueno y le dio su bendición (Génesis 1:28). Antes que cualquier situación nos dañara, entendemos que Dios nos amó primero y El nos tocó primero. (Salmo 139:13-16)
Ninguno de nosotros es una equivocación Dios tiene hijos escogidos desde el vientre de sus madres.
Dios nos hizo semejantes a El, nos creó para redimirnos, para ponernos nombre, renovarnos en el espíritu, a su imagen, para tener autoridad, para elegir la vida en cada decisión, para alabar a Dios.
Fuimos escogidos y adoptados por El, renovados en nuestra manera de juzgar, para ser sellados por su Espíritu, para que nos gocemos, para apoyarnos en El, para saber todo lo que nos ocurre, para toda buena obra.

Nos dio forma en el seno materno. Allí todo niño siente lo que sus padres sienten por él, absorbe las circunstancias de su entorno y puede reaccionar ante las distintas circunstancias.
El Dr. Thomas Verny quien escribió el libro "La vida secreta del niño antes de nacer” da ejemplos reales de cómo determinadas circunstancias y ambientes que rodearon a la madre durante la gestación fueron causa de traumas, patologías, etc.. pero también de actitudes y cualidades positivas, dependiendo de si éstas fueron gratificantes o no para la mamá y el feto. Exponía que el feto tiene desarrollados sus sentidos desde la segunda mitad del cuarto mes, y que de una manera especial podía escuchar lo que le rodeaba, en especial la voz de la madre, y poniendo él atención en los sonidos que a la madre le agradasen o relajasen. Este autor sugiere al amor como fuerza sanadora.
Sal.22:9 “Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre.”

jueves, 5 de noviembre de 2009

El perdón

El perdón es un acto de nuestra voluntad. Decidimos perdonar porque es un mandato de Dios. Si no perdonamos, no seremos perdonados.

«Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados. Él anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, y la quitó de en medio clavándola en la cruz». Colosenses 2.13, 14

Muchas personas no saben perdonar porque ellos mismos no han perdonado su pasado. Por eso, es necesario entender que Dios perdona al que se arrepiente.

• Nuestras oraciones son estorbadas.

La falta de perdón corta la comunión con Dios y su presencia no fluye en nosotros.

«Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas». Marcos 11.25

La falta de perdón te ata a las personas desde el resentimiento. Te tiene encadenado.
La falta de perdón es el veneno más destructivo para el espíritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes.
El perdón es una declaración que puedes y debes renovar a diario.
Muchas veces la persona más importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas.

Perdonar es sobretodo cancelar la deuda, es donar, es dar por dar, no es buscar una excusa que justifique mi error como en la psicología.

En el perdón donamos la sed de justicia, el machismo, el feminismo, el nombre mancillado por otras personas, la ira, la raíz de amargura.

El perdón tiene categoría espiritual, la ciencia psicológica tiene límites humanos que lo espiritual no tiene porque es de Dios, ya que el espíritu humano fue creado por Dios para su comunicación con el hombre.

Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas». Mateo 18.35

El perdonar no es una alternativa, sino un mandato del Señor. «Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial». Mateo 6.14

jueves, 10 de septiembre de 2009

Las heridas del alma

Las heridas del alma generan modalidades de comportamiento y estas generan fortalezas espirituales (2da.Corintios 10:3-6)Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne;“porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.”La definición de fortaleza negativa es una mentalidad impregnada de desesperanza que causa que el creyente acepte como inmutable alguna cosa que sabe es contraria a la voluntad de Dios, interceptando la posibilidad de entrar al conocimiento de Dios.En la sanidad del alma es necesario hacer contacto con el paisaje interior, de manera que al conocerlo nos comuniquemos con el dolor latente y logremos eliminarlo desde sus mismas raíces.Disponernos a sanar nuestra alma reconociendo que padecemos heridas que necesitan la intervención del Espíritu Santo, logrando identificarlas poniéndolas en sus manos.En la tarea de sanar es fundamental la fe en lo sobrenatural de Dios, el milagro, lo que Dios hace en el proceso de sanidad, lo natural lo hace el individuo en cuestión o sea el que será sanado, y desatar la vida, eso es tarea de la iglesia (Juan 11:44)“El que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.”Cada una de estas pautas ha de cumplirse para la sanidad. Hay tres ingredientes que debemos reconocer respecto al proceso y son los siguientes:1) La gracia (favor no merecido) de Dios. 1ra.Juan 4:8, 1ra.Pedro 5:10.2) La verdad Juan 17:17, 16:13. 14:6. • Declarar a Dios la verdad de mi vida.• Lo que dice Dios dice de mi vida es verdad.3) El tiempo redentor de Dios en ese tiempo deshace los nudos del pasado.4) La oración y disposición de trabajo personal para poder limpiar lo dañado.Antes de reconocer que hay heridas, tenemos algunos disparadores que podemos reconocer en nuestras vidas como por ejemplo: problemas con la gente, angustia, echarle la culpa a alguien o a algo, en lo físico (gastritis, ulceras) etc.

martes, 14 de abril de 2009

La ley del juicio

La ley del juicio

Mateo 7:1  No juzguéis,  para que no seáis juzgados.

Porque con el juicio con que juzgáis,  seréis juzgados,  y con la medida con que medís,  os será medido.

Lo que Jesús está diciendo es que si tu exiges justicia y restitución por los pecados cometidos en tu contra entonces a ti se te tratará de la misma forma. La justicia es buena pero la misericordia lo es mejor.

Si exigimos la Ley, si bien es de Dios, también es el lugar donde satanás sobresale, ya que el es el más hábil fiscal y acusador, de la humanidad a la cual el mismo lleva a pecar.

Si cualquiera de nosotros debiera recibir la justicia que merecemos ninguno de nosotros podría ser salvo. Sin embargo hay un lugar donde satanás no puede entrar y es bajo la gracia de Jesucristo, es sitio de misericordia, amor y perdón. Es el lugar alto donde no alcanza Satanás.

 

En Lucas 6:36-37 opera la ley de siembra y cosecha,

“No juzguéis,  y no seréis juzgados;  no condenéis,  y no seréis condenados;  perdonad,  y seréis perdonados.

Dad,  y se os dará;  medida buena,  apretada,  remecida y rebosando darán en vuestro regazo;  porque con la misma medida con que medís,  os volverán a medir.”

Por lo tanto sembrar perdón ocasiona la cosecha de perdón.

Puede que al entender esta dinámica del perdón, queramos ser las personas más perdonadoras, amorosas y comprensivas.

Muchas de las veces podemos ver las deficiencias en las otras personas pero somos bastante ciegos para ver las nuestras, entender esto es fundamental para lograr libertad y para hallar misericordia para sus propios pecados. Vivir en la gracia nos hará entender porque la palabra dice que su yugo es fácil y ligera su carga. (Mateo 11:30)

En los versículos de Lucas 6:37-38, vemos claramente la ley de la siembra y cosecha, es interesante ver cuántas veces este versículo parece estar dirigido a las finanzas pero verdaderamente nos está hablando de la gracia de Dios liberada a través de este principio de sembrar y cosechar, dar y recibir.

En Éxodo 20:5 vemos que la maldad de los padres alcanza a los hijos hasta la tercera y cuarta generación. Cuando suceden cosas negativas, patrones de conducta que se repiten podemos observar como el enemigo ha tenido acceso a nuestras vidas, queriendo mantener la maldición en las familias por generaciones. Es la Ley de la justicia de Dios y Satanás es el primer legalista, toma ventaja de la ley de siembra y cosecha (Gálatas 6:7-8). Por eso es que juzgar a nuestros le dan al enemigo derecho legal de perpetrar el crimen ya que Satanás vino a matar, robar y destruir, pero el corazón de Dios está para perdonar y sanar.

El perdón cierra la puerta al juicio, en Mateo 18:23-35, cuenta esta historia  que un rey prestó dinero a uno de sus siervos y no pudiendo devolverlo al rey, este le perdono la deuda, pero cuando tuvo que perdonarle la deuda a uno de sus consiervos, no lo hizo, por lo cual cuando el rey se enteró no solo le cobro la deuda sino que lo echo en manos de los verdugos hasta que cancele la deuda.

Muchas veces nos ocurre esta misma situación, queremos misericordia pero no damos misericordia, queremos perdón pero no lo damos, por el contrario apelamos a la justicia, esta situación de dualidad no es posible, si queremos justicia por hemos sido heridos no podemos pedir misericordia y gracia para nosotros. Cuando hemos juzgado mucho tiempo a nuestros padres, luego seguimos los mismos patrones de conducta no solo con nuestros padres sino con lo que representa la autoridad paterna.