sábado, 17 de mayo de 2014

Quisimos salvar y nos olvidamos de Amar... / Ulises Oyarzún


¿Quieres hacer la oración y aceptar al señor Jesús como tu salvador personal?...

Y así me enseñaron. "Ganar almas" para que se vayan al cielo.
No perdía oportunidad.

En un funeral, en un parto, en la calle, en cualquier lugar.
Me convertí en una máquina para "salvar gente"...

Pero luego me vi queriendo ganar adeptos o clientes, casi competía con la gente de HerbaLife convenciendo a los demás de tomar "Esta decisión".

Hoy me doy cuenta que mucho de lo que hice lo hice por "Alguna orden" divina que creía estar obedeciendo, sin preocuparme en lo más mínimo por la persona, por el otro.

Lo importante era convencer para que sea parte de mi iglesia, llevarlos a un grupo pequeño para contar luego en secreto "Cuantos" tenía en mis filas.

Me obsesioné por "ganar" pero me olvidé de amar.

¿Cuál fue el gran mandamiento que nos dejó Jesús?

Amar.

¿Eso excluye predicar el evangelio?

Para nada, me siento aún ligado a esta promesa que hice un día a aquel por el cual mi vida tiene sentido.

¿Pero qué significa Predicar el Evangelio?

Pues el Evangelio es sino, la noticia más extravagante y espectacular que ha recibido la humanidad.

Dios, en un acto de amor sin precedentes, decide hacerse hombre.

Y en la persona de Jesús de Nazaret mostrarnos el rostro más íntimo de este Dios, que ama a la humanidad hasta el final.

En cada acto, cuando dio de comer a los que no tenían pan, cuando levantó a los tullidos, al resucitar a una pequeña muerta, al cortar las cadenas de los torturados por la Oscuridad.

El Evangelio es Jesús mismo, que siendo tan coherente con su mensaje de amor y libertad decide enfrentar la muerte en manos de aquellos que veían su mensaje una amenaza a sus intereses malvados, intereses retorcidos que disfrazaban de piadosa religiosidad.

Ese es el mensaje del evangelio.

No teman!!! No están solos, hay alguien que desea su bien, que desea salvarlos.

Y que interesante, porque la palabra griega "Sotero" que al español se traduce como salvar, significa no solo "Salvar el alma" cosa tan limitada y que llena los púlpitos occidentales.

Sotero significa devolver la dignidad humana en toda su integralidad.
En otras palabras, la salvación Bíblica sin quitarle su contenido más allá de la vida, se interesa también por la reivindicación de la dignidad y felicidad humana en esta vida.

Salvar a una familia que vive en la miseria es ayudarle a que se levante de esas sombras y que vivan más dignamente.

Salvar a un dependiente de la droga es ayudarle a salir de las garras de ese infierno en vida y reinsertarlo en la sociedad.

Salvar a alguien que trabaja en el comercio sexual es ayudarle a ganarse la vida a través de otros caminos.

Salvar a un rico es ayudarle a que no mire lo que tiene como su "dios" y enseñarle la conjugación del verbo "compartir" a diferencia del verbo "acumular" que durante su vida ha estado acostumbrado.

Hace un tiempo fui a un funeral.

Me tocó hablar.

Hablé sobre el sentido de vida, los oyentes en su mayoría no creyentes.

Una persona que compartía mi fe me miró extrañada, luego tomó la palabra y les compartió el mensaje de Salvación, y reluciendo los textos Bíblicos clásicos desmontó toda la artillería argumentativa sobre las personas.

El resultado???

No lo sé a ciencia cierta, no vi ni una mano levantada.

¿Y si las personas solo querían que uno estuviese ahí con ellos, quizás guardar silencio y llorar junto a ellos, acompañarles no desde la lejanía de un frío estrado distante, dando instrucciones de tomar una decisión fría cuando lo único que existe en el corazón es tristeza y una convicción de no querer escuchar palabras sino sentir abrazos?

Además, en toda la Biblia nunca ha existido una invitación a "recibir" a Jesús como Salvador "personal". Eso fue Un invento de predicadores americanos a finales del 1800.

Los evangelios Hablan de "Seguir a Jesús".

Y la confesión que hacían los primeros cristianos no era una oración "Mágica" que absolvía a uno de las culpas infernales en algún juzgado celestial.

La confesión que hacían los cristianos no era como frotar la lámpara de un genio divino. Era una confesión bien pensada, porque se hacía de cara a una comunidad donde uno decidía hacerse parte de esa familia y vivir en comunidad de amor radical el ejemplo de vida del carpintero de Galilea. Una confesión con la boca, pero también con el corazón, donde uno se la jugaba todo por el todo, incluso la Vida misma, que podía terminar abrupta y trágicamente en algún circo romano o en algún despeñadero. 

Quizás me critiquen, pero prefiero hoy darme un tiempo para conocer a las personas, si tengo la posibilidad escucharles y llorar con los que lloran.
Me cansé de este evangelio de HerbaLife, donde nos importa más "Ganar" alguien que "Amarla".

Hoy me doy cuenta que yo no gano a nadie, que lejos de mí esta arrogancia de creer que yo tengo el poder para sacar a alguien de sus oscuridades y llevarlas a la luz.

Hoy me di cuenta que esto más que un suceso, es un proceso, que la bondad de Dios se manifiesta también a través de un café bien compartido, de un abrazo bien apretado, de una lágrima sincera y algunos silencios profundamente humanos y solidarios.

Ya no soy una maquinita que tiene respuestas para todo y todos.

Me cansé de este evangelio de estadísticas y renuncio al tal.

De ser un líder que está embriagado con las masas de gente pero que no se interesa en lo más mínimo por las personas que lo constituyen.

De ser un predicador de multitudes, cuando en el fondo lo que busco detrás de ese gran "Ministerio" es acariciar con franela mi autoestima desvalorada que busca justamente sostener a un "personaje" admirado, detrás del éxito público que significa ostentar ser líder de tal cantidad grupo de gentes.

Hoy veo a mucha gente que no les interesa que las convenzan, sino que las escuchen, las entiendan, las acompañen en sus desgracias.
Y de eso se trata el Evangelio.

Lo otro, pues bueno... se lo dejo a HerbaLife o a algún grupo proselitista que al amparo de algún narcisista con corbata les guste mostrar multitudes como quién muestra sus galones o trofeos de caza.


http://www.especialidadesjuveniles.com/recursos_articulo.asp?id=2553

jueves, 15 de mayo de 2014

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta, y en el momento exacto.


Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta, y en el momento 
exacto. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre... 

Autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angústia y mi sufrimiento emocional, no es sino una señal de que voy contra mis propias 
verdades. Hoy sé que eso es... 

Autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente y comencé a ver que todo lo que acontece, contribuye a mi crecimiento. 
Hoy sé que eso se llama... 

Madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a percibir como es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona, solo para realizar aquello que 
deseo, aún sabiendo que no es el momento o la persona no está preparada... inclusive yo mismo. Hoy sé que el nombre de eso és... 

Respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable... Personas, situaciones, todo y cualquier cosa que me 
empujara hacia abajo. De início, mi razón llamó esa actitud egoísmo. Hoy sé que se llama... 

Amor Propio.

Cuando me amé de verdad, dejé de temer tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos del futuro. Hoy 
hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es... 
Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta, y en el momento 
exacto. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre... 

Autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angústia y mi sufrimiento emocional, no es sino una señal de que voy contra mis propias 
verdades. Hoy sé que eso es... 

Autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente y comencé a ver que todo lo que acontece, contribuye a mi crecimiento. 
Hoy sé que eso se llama... 

Madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a percibir como es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona, solo para realizar aquello que 
deseo, aún sabiendo que no es el momento o la persona no está preparada... inclusive yo mismo. Hoy sé que el nombre de eso és... 

Respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable... Personas, situaciones, todo y cualquier cosa que me 
empujara hacia abajo. De início, mi razón llamó esa actitud egoísmo. Hoy sé que se llama... 

Amor Propio.

Cuando me amé de verdad, dejé de temer tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos del futuro. Hoy 
hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es... 

Simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré mucho menos veces. Hoy sé que eso se llama... 

Humildad.

Cuando me amé de verdad, desisti de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme con el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es 
donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Eso se llama... 

Plenitud.

Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mí corazón, ella 
tiene un gran y valioso aliado. Todo eso es... 

Saber Vivir!

No debemos tener miedo de confrontarnos... Hasta los planetas chocan... y del caos nacen las estrellas.

Cuando uno ama de verdad descubre que no espero nada para mi...sino que me proyecto fuera de mí y eso es amar de verdad.

Tú siempre le das la victoria al rey que pusiste sobre Israel. Tú siempre les muestras tu amor a David y a sus herederos. Salmo 18:50

El rey confía en tu amor, y tú, Dios altísimo, no lo dejarás fracasar. Salmo 21:7
Simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré mucho menos veces. Hoy sé que eso se llama... 

Humildad.

Cuando me amé de verdad, desisti de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme con el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es 
donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Eso se llama... 

Plenitud.

Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mí corazón, ella 
tiene un gran y valioso aliado. Todo eso es... 
Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta, y en el momento 
exacto. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre... 

Autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angústia y mi sufrimiento emocional, no es sino una señal de que voy contra mis propias 
verdades. Hoy sé que eso es... 

Autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente y comencé a ver que todo lo que acontece, contribuye a mi crecimiento. 
Hoy sé que eso se llama... 

Madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a percibir como es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona, solo para realizar aquello que 
deseo, aún sabiendo que no es el momento o la persona no está preparada... inclusive yo mismo. Hoy sé que el nombre de eso és... 

Respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable... Personas, situaciones, todo y cualquier cosa que me 
empujara hacia abajo. De início, mi razón llamó esa actitud egoísmo. Hoy sé que se llama... 

Amor Propio.

Cuando me amé de verdad, dejé de temer tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos del futuro. Hoy 
hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es... 

Simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré mucho menos veces. Hoy sé que eso se llama... 

Humildad.

Cuando me amé de verdad, desisti de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme con el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es 
donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Eso se llama... 

Plenitud.

Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mí corazón, ella 
tiene un gran y valioso aliado. Todo eso es... 

Saber Vivir!

No debemos tener miedo de confrontarnos... Hasta los planetas chocan... y del caos nacen las estrellas.

Cuando uno ama de verdad descubre que no espero nada para mi...sino que me proyecto fuera de mí y eso es amar de verdad.

Tú siempre le das la victoria al rey que pusiste sobre Israel. Tú siempre les muestras tu amor a David y a sus herederos. Salmo 18:50

El rey confía en tu amor, y tú, Dios altísimo, no lo dejarás fracasar. Salmo 21:7
Saber Vivir!

No debemos tener miedo de confrontarnos... Hasta los planetas chocan... y del caos nacen las estrellas.

Cuando uno ama de verdad descubre que no espero nada para mi...sino que me proyecto fuera de mí y eso es amar de verdad.

Tú siempre le das la victoria al rey que pusiste sobre Israel. Tú siempre les muestras tu amor a David y a sus herederos. Salmo 18:50

El rey confía en tu amor, y tú, Dios altísimo, no lo dejarás fracasar. Salmo 21:7




lunes, 12 de mayo de 2014

Lealtad, valor muy preciado...

La lealtad es un valor que básicamente consiste en nunca darle la espalda a determinada persona, grupo social y que están unidos por lazos de amistad o por alguna relación social, es decir, el cumplimiento de honor y gratitud.Cristo tuvo un gran sentido de lealtad, el fue leal, sumamente leal a su Padre y a la visión de su Padre, jamás se desvió de su deber con Él,  le costó la muerte y marca en los tiempos un antes y un después. Primeramente reconoció públicamente a su Padre, Juan 5:18, nos dice que El decía que Dios era su Padre, mucha gente se avergüenza de sus padres, pero El hablo lealmente de su origen.Otra característica que resaltamos es que manifestaba una satisfacción de tener a su Padre, que le había ordenado hacer muchas cosas, en Juan en 5:36, dice “las obras que el Padre me dio para que cumpliese” hay mucha gente que se niega a reconocer a los superiores que les encomiendan tareas, el que no reconoce abiertamente de donde viene, no es una persona agradecida.
Cristo fue una persona que no hacia su voluntad sino la voluntad de su Padre, Juan en 5:30, dice “No busco mi voluntad sino la voluntad del que me envió”. Tener a nuestro lado personas que no estén buscando salirse con la suya es muy importante, cuando en un equipo de trabajo hay uno o dos que tienen una visión o voluntad diferente ¿qué pasa? Hay división.Jesucristo no permitió que las palabras de los hombres influyeran ni en su ánimo ni en sus decisiones en Juan 5:34 dice “pero yo no recibo testimonio de hombre alguno….” ¿por qué no atendía las palabras de los hombres? porque los hombres cambian de opinión y pueden desorientarte. El tampoco recibía las palabras de los hombres que en un afán de quedar bien, se desbocan en elogios; en Juan 5: 41-42 dice: “Gloria de los hombres no recibo” El se cuidaba de esto porque la única dirección que recibía era de su Padre.En los viejos y nuevos tiempos, la lealtad es un valor ético y moral, que tiene que estar ligado íntimamente a la naturaleza humana. La lealtad tiene que ser siempre un sentimiento de apego, fidelidad y respeto que nos inspiran las personas que queremos, apreciamos o las ideas con las que nos identificamos. 
Las personas leales poseen un alto sentido de compromiso y ello nos permite ser constantes en sus afectos y cumplidores de su palabra. 

viernes, 8 de octubre de 2010

EL PERDON DE DIOS

por Luis Palau

Durante la Segunda Guerra Mundial Hans Rookmaaker fue un integrante activo de la resistencia holandesa. Pero fue capturado por los alemanes y enviado a un campo de concentración nazi, donde comenzó a leer la Biblia.
Al estudiar la Palabra de Dios, descubrió que el íntimo deseo de Dios es perdonar nuestros pecados. De modo que entregó su vida a Cristo y se maravilló por el gozo y la libertad que había hallado.
Cuando Rookmaaker fue liberado de prisión al final de la guerra, inmediatamente se unió a una iglesia. Pero en lugar de tener comunión con personas libres, se sorprendió de encontrar tantos cristianos que aún vivían en la esclavitud del pecado y no experimentaban el perdón de Dios.
Por otra parte, un personaje en una obra de Voltaire murió murmurando: "Dios perdonará--ése es su trabajo." Aunque el perdón no puede darse por sentado de esa manera, Dios nunca quiso que vivamos en esclavitud.
La Biblia enseña que la confesión es el prerrequisito para el perdón de Dios--ya sea para la salvación inicial como para la comunión diaria. Esta confesión implica arrepentimiento y, cuando sea necesario, restitución.
La confesión sin arrepentimiento es un fraude. En Proverbios leemos: "El que encubre sus pecados no prosperará; mas
el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia" (28:13).
A veces la confesión también implica restitución (Exodo 22:1-15). Por lo general, éste es un aspecto olvidado de la confesión. Si nuestro pecado privó a alguien de algo que le pertenecía o correspondía (algo material, dinero o trabajo), no sólo debemos disculparnos con la persona ofendida sino que también debemos pagar tan pronto como sea posible.
La maravilla de la Escritura es la buena nueva de que Dios perdona de balde a quien con corazón sincero confiesa su pecado. Manasés fue uno de los reyes más malvados de Judá. El echó por tierra las reformas de Ezequías y sirvió a dioses falsos con más celo de lo que lo habían hecho las naciones paganas que Dios había destruido ante los israelitas (2 Crónicas 33:1-9). Sin embargo, al ser capturado por los asirios, Manasés se humilló ante el Señor--y Dios lo perdonó.
Si Dios pudo perdonar a un rey pagano y malvado cuando éste se humilló, con seguridad que también nos perdonará si confesamos nuestros pecados y nos arrepentimos. La confesión es humillante, pero "si confesamos a Dios nuestros pecados, podemos estar seguros de que ha de perdonarnos y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9 BD). Aprenda de memoria este pasaje y a menudo pida a Dios que lo haga realidad en su vida.
Hay otro precioso versículo para agregar a su lista de memorización: "Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones" (Hebreos 10:17). Cuán notable que el Dios omnisciente promete no sólo perdonar nuestros pecados sino también olvidarlos para siempre.
En su obra EL PARAISO PERDIDO, Juan Milton pregunta: "¿Qué otra cosa podemos hacer sino postrarnos ante El reverentes; y allí confesar con humildad nuestras faltas e implorar perdón; con lágrimas que rieguen el piso y con suspiros de corazones contritos, como señal de pena no fingida y mansa humillación?"

viernes, 4 de diciembre de 2009

RESULTADO DE SANAR LAS HERIDAS DEL ALMA

El Campo de batalla con el enemigo es la mente. Al mencionar un campo
de batalla presupone una guerra donde el enemigo es satanás, tratando de
levantar fortalezas negativas mediante estrategia y engaño.
Desesperanza, abatimiento, desesperación, dolor, desilusión, pesimismo,
enfado, duda, agobio, son las armas para levantar esas fortalezas que
impiden disfrutar la plenitud de Cristo.
Ganar esta batalla produce los siguientes efectos:
• Indicios de madurez
• Autosuficiencia
• Llevarse bien con otros
• Autodominio
• Aceptar el sufrimiento, las dificultades, y los contratiempos como motivos para crecer.
• Tener perspectivas de corto y largo alcance.
• Orden en lo mental.
• Tener interés en el bienestar de otros.

El resultado más importante es comenzar a tener con Dios una relación como padre, una paternidad que abarca también que Dios es madre tal como lo representa Mateo 23:37.
Esa relación con Dios como padre nos dará certeza de que El no crea basura, ya que creó al hombre, vio que era bueno y le dio su bendición (Génesis 1:28). Antes que cualquier situación nos dañara, entendemos que Dios nos amó primero y El nos tocó primero. (Salmo 139:13-16)
Ninguno de nosotros es una equivocación Dios tiene hijos escogidos desde el vientre de sus madres.
Dios nos hizo semejantes a El, nos creó para redimirnos, para ponernos nombre, renovarnos en el espíritu, a su imagen, para tener autoridad, para elegir la vida en cada decisión, para alabar a Dios.
Fuimos escogidos y adoptados por El, renovados en nuestra manera de juzgar, para ser sellados por su Espíritu, para que nos gocemos, para apoyarnos en El, para saber todo lo que nos ocurre, para toda buena obra.

Nos dio forma en el seno materno. Allí todo niño siente lo que sus padres sienten por él, absorbe las circunstancias de su entorno y puede reaccionar ante las distintas circunstancias.
El Dr. Thomas Verny quien escribió el libro "La vida secreta del niño antes de nacer” da ejemplos reales de cómo determinadas circunstancias y ambientes que rodearon a la madre durante la gestación fueron causa de traumas, patologías, etc.. pero también de actitudes y cualidades positivas, dependiendo de si éstas fueron gratificantes o no para la mamá y el feto. Exponía que el feto tiene desarrollados sus sentidos desde la segunda mitad del cuarto mes, y que de una manera especial podía escuchar lo que le rodeaba, en especial la voz de la madre, y poniendo él atención en los sonidos que a la madre le agradasen o relajasen. Este autor sugiere al amor como fuerza sanadora.
Sal.22:9 “Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre.”

jueves, 5 de noviembre de 2009

El perdón


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El perdón es un acto de nuestra voluntad. Decidimos perdonar porque es un mandato de Dios. Si no perdonamos, no seremos perdonados.
«Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados. Él anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, y la quitó de en medio clavándola en la cruz». Colosenses 2.13, 14
Muchas personas no saben perdonar porque ellos mismos no han perdonado su pasado. Por eso, es necesario entender que Dios perdona al que se arrepiente.
• Nuestras oraciones son estorbadas.
La falta de perdón corta la comunión con Dios y su presencia no fluye en nosotros.
«Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas». Marcos 11.25
La falta de perdón te ata a las personas desde el resentimiento. Te tiene encadenado.
La falta de perdón es el veneno más destructivo para el espíritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes.
El perdón es una declaración que puedes y debes renovar a diario.
Muchas veces la persona más importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas.
Perdonar es sobretodo cancelar la deuda, es donar, es dar por dar, no es buscar una excusa que justifique mi error como en la psicología.
En el perdón donamos la sed de justicia, el machismo, el feminismo, el nombre mancillado por otras personas, la ira, la raíz de amargura.
El perdón tiene categoría espiritual, la ciencia psicológica tiene límites humanos que lo espiritual no tiene porque es de Dios, ya que el espíritu humano fue creado por Dios para su comunicación con el hombre.
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Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas». Mateo 18.35
El perdonar no es una alternativa, sino un mandato del Señor. «Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial». Mateo 6.14