domingo 3 de enero de 2010
viernes 4 de diciembre de 2009
RESULTADO DE SANAR LAS HERIDAS DEL ALMA
de batalla presupone una guerra donde el enemigo es satanás, tratando de
levantar fortalezas negativas mediante estrategia y engaño.
Desesperanza, abatimiento, desesperación, dolor, desilusión, pesimismo,
enfado, duda, agobio, son las armas para levantar esas fortalezas que
impiden disfrutar la plenitud de Cristo.
Ganar esta batalla produce los siguientes efectos:
• Indicios de madurez
• Autosuficiencia
• Llevarse bien con otros
• Autodominio
• Aceptar el sufrimiento, las dificultades, y los contratiempos como motivos para crecer.
• Tener perspectivas de corto y largo alcance.
• Orden en lo mental.
• Tener interés en el bienestar de otros.
El resultado más importante es comenzar a tener con Dios una relación como padre, una paternidad que abarca también que Dios es madre tal como lo representa Mateo 23:37.
Esa relación con Dios como padre nos dará certeza de que El no crea basura, ya que creó al hombre, vio que era bueno y le dio su bendición (Génesis 1:28). Antes que cualquier situación nos dañara, entendemos que Dios nos amó primero y El nos tocó primero. (Salmo 139:13-16)
Ninguno de nosotros es una equivocación Dios tiene hijos escogidos desde el vientre de sus madres.
Dios nos hizo semejantes a El, nos creó para redimirnos, para ponernos nombre, renovarnos en el espíritu, a su imagen, para tener autoridad, para elegir la vida en cada decisión, para alabar a Dios.
Fuimos escogidos y adoptados por El, renovados en nuestra manera de juzgar, para ser sellados por su Espíritu, para que nos gocemos, para apoyarnos en El, para saber todo lo que nos ocurre, para toda buena obra.
Nos dio forma en el seno materno. Allí todo niño siente lo que sus padres sienten por él, absorbe las circunstancias de su entorno y puede reaccionar ante las distintas circunstancias.
El Dr. Thomas Verny quien escribió el libro "La vida secreta del niño antes de nacer” da ejemplos reales de cómo determinadas circunstancias y ambientes que rodearon a la madre durante la gestación fueron causa de traumas, patologías, etc.. pero también de actitudes y cualidades positivas, dependiendo de si éstas fueron gratificantes o no para la mamá y el feto. Exponía que el feto tiene desarrollados sus sentidos desde la segunda mitad del cuarto mes, y que de una manera especial podía escuchar lo que le rodeaba, en especial la voz de la madre, y poniendo él atención en los sonidos que a la madre le agradasen o relajasen. Este autor sugiere al amor como fuerza sanadora.
Sal.22:9 “Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre.”
jueves 5 de noviembre de 2009
El perdón
El perdón es un acto de nuestra voluntad. Decidimos perdonar porque es un mandato de Dios. Si no perdonamos, no seremos perdonados.
«Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados. Él anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, y la quitó de en medio clavándola en la cruz». Colosenses 2.13, 14
Muchas personas no saben perdonar porque ellos mismos no han perdonado su pasado. Por eso, es necesario entender que Dios perdona al que se arrepiente.
• Nuestras oraciones son estorbadas.
La falta de perdón corta la comunión con Dios y su presencia no fluye en nosotros.
«Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas». Marcos 11.25
La falta de perdón es el veneno más destructivo para el espíritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes.
El perdón es una declaración que puedes y debes renovar a diario.
Muchas veces la persona más importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas.
Perdonar es sobretodo cancelar la deuda, es donar, es dar por dar, no es buscar una excusa que justifique mi error como en la psicología.
En el perdón donamos la sed de justicia, el machismo, el feminismo, el nombre mancillado por otras personas, la ira, la raíz de amargura.
El perdón tiene categoría espiritual, la ciencia psicológica tiene límites humanos que lo espiritual no tiene porque es de Dios, ya que el espíritu humano fue creado por Dios para su comunicación con el hombre.
Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas». Mateo 18.35
El perdonar no es una alternativa, sino un mandato del Señor. «Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial». Mateo 6.14
jueves 10 de septiembre de 2009
Las heridas del alma
con el dolor latente y logremos eliminarlo desde sus mismas raíces.Disponernos a sanar nuestra alma reconociendo que padecemos heridas que necesitan la intervención del Espíritu Santo, logrando identificarlas poniéndolas en sus manos.En la tarea de sanar es fundamental la fe en lo sobrenatural de Dios, el milagro, lo que Dios hace en el proceso de sanidad, lo natural lo hace el individuo en cuestión o sea el que será sanado, y desatar la vida, eso es tarea de la iglesia (Juan 11:44)“El que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.”Cada una de estas pautas ha de cumplirse para la sanidad. Hay tres ingredientes que debemos reconocer respecto al proceso y son los siguientes:1) La gracia (favor no merecido) de Dios. 1ra.Juan 4:8, 1ra.Pedro 5:10.2) La verdad Juan 17:17, 16:13. 14:6. • Declarar a Dios la verdad de mi vida.• Lo que dice Dios dice de mi vida es verdad.3) El tiempo redentor de Dios en ese tiempo deshace los nudos del pasado.4) La oración y disposición de trabajo personal para poder limpiar lo dañado.Antes de reconocer que hay heridas, tenemos algunos disparadores que podemos reconocer en nuestras vidas como por ejemplo: problemas con la gente, angustia, echarle la culpa a alguien o a algo, en lo físico (gastritis, ulceras) etc. martes 14 de abril de 2009
La ley del juicio
La ley del juicio
Mateo 7:1 No juzguéis, para que no seáis juzgados.
Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.
Lo que Jesús está diciendo es que si tu exiges justicia y restitución por los pecados cometidos en tu contra entonces a ti se te tratará de la misma forma. La justicia es buena pero la misericordia lo es mejor.
Si exigimos
Si cualquiera de nosotros debiera recibir la justicia que merecemos ninguno de nosotros podría ser salvo. Sin embargo hay un lugar donde satanás no puede entrar y es bajo la gracia de Jesucristo, es sitio de misericordia, amor y perdón. Es el lugar alto donde no alcanza Satanás.
En Lucas 6:36-37 opera la ley de siembra y cosecha,
“No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.
Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.”
Por lo tanto sembrar perdón ocasiona la cosecha de perdón.
Puede que al entender esta dinámica del perdón, queramos ser las personas más perdonadoras, amorosas y comprensivas.
Muchas de las veces podemos ver las deficiencias en las otras personas pero somos bastante ciegos para ver las nuestras, entender esto es fundamental para lograr libertad y para hallar misericordia para sus propios pecados. Vivir en la gracia nos hará entender porque la palabra dice que su yugo es fácil y ligera su carga. (Mateo 11:30)
En los versículos de Lucas 6:37-38, vemos claramente la ley de la siembra y cosecha, es interesante ver cuántas veces este versículo parece estar dirigido a las finanzas pero verdaderamente nos está hablando de la gracia de Dios liberada a través de este principio de sembrar y cosechar, dar y recibir.
En Éxodo 20:5 vemos que la maldad de los padres alcanza a los hijos hasta la tercera y cuarta generación. Cuando suceden cosas negativas, patrones de conducta que se repiten podemos observar como el enemigo ha tenido acceso a nuestras vidas, queriendo mantener la maldición en las familias por generaciones. Es la Ley de la justicia de Dios y Satanás es el primer legalista, toma ventaja de la ley de siembra y cosecha (Gálatas 6:7-8). Por eso es que juzgar a nuestros le dan al enemigo derecho legal de perpetrar el crimen ya que Satanás vino a matar, robar y destruir, pero el corazón de Dios está para perdonar y sanar.
El perdón cierra la puerta al juicio, en Mateo 18:23-35, cuenta esta historia que un rey prestó dinero a uno de sus siervos y no pudiendo devolverlo al rey, este le perdono la deuda, pero cuando tuvo que perdonarle la deuda a uno de sus consiervos, no lo hizo, por lo cual cuando el rey se enteró no solo le cobro la deuda sino que lo echo en manos de los verdugos hasta que cancele la deuda.
Muchas veces nos ocurre esta misma situación, queremos misericordia pero no damos misericordia, queremos perdón pero no lo damos, por el contrario apelamos a la justicia, esta situación de dualidad no es posible, si queremos justicia por hemos sido heridos no podemos pedir misericordia y gracia para nosotros. Cuando hemos juzgado mucho tiempo a nuestros padres, luego seguimos los mismos patrones de conducta no solo con nuestros padres sino con lo que representa la autoridad paterna.
domingo 29 de marzo de 2009
Los tres aspectos del ser humano y el perdon.
El hombre tiene tres aspectos, es biopsicoespiritual, inmersos en un contexto y abiertos a la trascendencia.
Lo psíquico es lo emocional, la inteligencia, los pensamientos.
Lo espiritual es todo aquello que sobrepasa lo psiquico. Toda
Columna Afectiva - Columna espiritual - Columna de los pensamientos
Existen estas columnas que son innatas, en lo cual la columna espiritual es valorativa, en medio de sentimientos y pensamientos. Al subordinar el pensamiento y sentimiento al espíritu humano, la persona encuentra el equilibrio. Sin olvidarnos que el espíritu humano debe ser morada para el Espíritu de Dios (1 Cor.3:16)
Hubo un primer esquema que describe
Las excusas siguen estando en nosotros, decir que lo heredamos, el lugar donde me crié, son excusas que esconden la culpa que originaría el posterior perdón. Siempre aunque lo hayamos heredado o aunque el contexto que nos rodea sea negativo, siempre hay una posibilidad de decidir con el espíritu.
Tengo posibilidad de distanciarme de los sentimientos negativos, no negarlos pero si alejarme.
Si obedezco mis excusas soy víctima de la vida y el hijo de Dios no nació para ser víctima sino para ser protagonista. Ejemplo: el miedo es un sentimiento de lo que podrá pasar, no me bloqueo, sigo adelante sin importar el resultado enfrentándolo.
La culpa sólo admite el perdón, los sinceros consigo mismo pueden ser perdonados, los que son culpables pueden pedir perdón. Aquí la capacidad de decidir es ejercida (Ge 4:7)
sábado 28 de marzo de 2009
Será que Dios sana el alma?
En Santiago 5:14-16 no solamente se habla de los enfermos que han de ser sanados y los pecados que serán perdonados; también se nos dice que debemos confesar nuestras ofensas los unos a los otros, y orar los unos por los otros para que seamos sanados. Un aspecto muy importante es el hecho de que cada uno de los procesos de sanidad se lleva a cabo por medio de la oración. Esta ha de ser el instrumento determinante en el desarrollo de tal ministerio.
Continuamente ayunamos y oramos, buscando echar fuera demonios, con el fin de encontrar en el Señor solución a nuestros problemas. Si hay demonios en la vida de alguien, desde luego, se deben echar fuera; pero muchas veces el problema no se encuentra en el área espiritual, sino
en el área síquica. Recuerdo cuando estuve atendiendo el caso de un joven a quien habían tratado de expulsarle demonios en siete ocasiones sin ningún éxito. El problema no se hallaba en su área espiritual, sino en el área sicológica. Tenía una herida profunda que le había causado su padre. Cuando empezó a ser sanado de este problema sicológico. los presuntos "demonios" desaparecieron.
Muchos creyentes piensan que cuando uno se entrega al Señor Jesucristo y ha sido sanado espiritualmente, todo en la vida queda totalmente en orden. Sin embargo, pronto descubrimos que no todo marcha bien, pues hay complejos depresiones que persisten. Nos preguntamos entonces: ¿No está ya todo mi pasado perdonado; todo aquello que ocurrió en mi vida? Es cierto que todo está perdonado, pero no necesariamente todo está sanado. No hay culpa, pero sí hay dolor. Cristo vino para llevar los dolores tanto como los pecados y las enfermedades.
También debo decir que el carácter de nuestra sanidad es relativo; ya que nunca estaremos completamente sanos, sino hasta que moremos eternamente en el cielo.
Consecuentemente, así como podremos tener un resfrío de vez en cuando o una tentación u otro problema espiritual, de la misma manera podremos sufrir dificultades sicológicas.
Sin embargo, si llegamos a sufrir de neumonía u otra enfermedad que nos hiciera permanecer en cama, o ser hospitalizados, ya no estaríamos tratando con una "enfermedad normal".
Así mismo, en el área sicológica, no se tiene que estar necesariamente recluido en un hospital mental como prueba de la presencia de complejos y depresiones o de serias dificultades en nuestras relaciones con otros individuos, los cuales no nos permiten funcionar libremente. En
tales casos, nuestra "salud sicológica" está afectada y será la lógica consecuencia de no haber entregado nuestros dolores sicológicos al Señor Jesucristo.
Muchos cristianos piensan que al recibir sanidad espiritual toda la vida estará, como popularmente expresamos, en un estado de "gloria" y "aleluya" y, por lo tanto, todo deberá marchar a la perfección. Como consecuencia, llegamos a creer que si se presentan problemas sicológicos es porque nuestras vidas no son genuinamente cristianas.
Recuerdo muy bien a una estudiante del seminario, guien después de una de mis conferencias sobre sanidad interior, me manifestó que esta era la primera vez que había oído hablar de la posibilidad de que un creyente pudiera expresar las luchas y problemas que confrontaba
diariamente en su vida. Ella dijo: "Yo pensé que siempre tendría que decir: '¡Todo marcha bien! ¡Estoy llena de gozo!' De otro modo, me parecía estar diciendo que Cristo no valía nada".
Por Arline Westmeier

